NUESTRA CARA COMO DATO

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Según información del diario “El País”, cada vez son más los expertos que alertan sobre el reconocimiento facial, una carrera a la que al parecer Gobiernos y empresas se han lanzado demasiado rápido y prácticamente a ciegas.

Por ejemplo, el recinto ferial de Ifema, uno de los lugares más concurridos de Madrid, por donde pasan cuatro millones de personas al año, está instalando cámaras de reconocimiento facial.

Un listado creciente de edificios de la capital y su entorno ya cuentan con cámaras inteligentes capaces de identificar a personas comparando la imagen de la cámara con las incluidas en una base de datos.

Centros comerciales, estaciones de transporte y casinos son algunos lugares de Madrid donde ya están funcionando cámaras con algún tipo de inteligencia artificial, según fuentes del sector de la videovigilancia que indican que la tecnología se ha extendido rápidamente en 2019.

Los sistemas más sofisticados pueden leer caras de delincuentes, desaparecidos o ludópatas que tienen prohibido el juego. Los estadios de fútbol y el aeropuerto de Barajas piensan introducirlas pronto, según esas fuentes.

Muchos clientes no quieren desvelar que usan las cámaras porque esta es una tecnología que inquieta y evoca a un control totalitario, aunque añaden “que es un miedo irracional”.

Los críticos señalan que las cámaras, en manos de líderes autoritarios, podrían ser una tecnología perfecta para que perpetren sus abusos de poder, como por ejemplo controlar a los asistentes a protestas.

San Francisco, cuna de la revolución tecnológica, ha sido en mayo de 2019 la primera gran ciudad de EEUU en prohibir estas cámaras. Sus autoridades locales, familiarizadas con la tecnología y sus posibles excesos, advirtieron que la medida debía ser vista como un mensaje de alerta al resto del mundo.

Una de las pocas empresas madrileñas que ha revelado por iniciativa propia que usa cámaras con reconocimiento facial es la gestora de la Estación Sur de Autobuses. Sus responsables han sido hasta ahora los portavoces más entusiastas en Madrid de este tipo de tecnología porque dicen que ha servido para espantar a carteristas y otros delincuentes.

Los defensores de las cámaras capaces de reconocer el rostro creen que muchos temores se deben a la falta de información. Las cámaras por sí solas son incapaces de identificar a los 20 millones de personas que pasan cada año por la estación. El anonimato solo se acaba cuando alguien cruza en un ordenador la grabación de la estación con otra imagen de una persona en búsqueda, por ejemplo, la foto policial de un sospechoso de un crimen.

Además de para vigilar, los expertos predicen que el reconocimiento facial será una forma común de pago en comercios. La empresa de autobuses municipal, la EMT, anunció en septiembre un proyecto piloto por el que cien pasajeros estarán pagando con el rostro durante seis meses en una de sus líneas de bus. BBVA también ha desarrollado su propio sistema. Desde el año pasado, sus empleados lo están usando en el restaurante de su sede madrileña. La tecnología está también en los móviles de última generación y muchos ya ven como algo normal desbloquear el teléfono con la cara.

Como siempre, será necesario encontrar el adecuado equilibrio entre la normativa de protección de datos y las finalidades que se pretenden buscar con estos nuevos sistemas, ponderando en todo caso los diferentes intereses en juego.

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